Fernando Insausti
"Memorias indecentes"

Editorial "Fuente de la Fama", Valladolid, 2012

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Prólogo

 por JOSÉ LUIS INSAUSTI CATÓN
Sevilla, octubre de 2011

 

Poco antes de morir, mi tío Fernando, el autor de estas memorias, me encargó publicarlas. Mi hermano Javier, el verdadero artífice de esta edición, y yo cumplimos su voluntad y ofrecemos a un improbable lector desconocido estos textos primorosamente impresos gracias a los cuidados y el interés de Javier y de Julio Martínez, su inesperado editor.

Si el paraíso existe, está en algunas infancias. En la nuestra estuvo y tuvo un lugar, Menagaray, en el alavés valle de Ayala, tuvo una casa y, por tener, tuvo, incluso, un arcángel, descreído y, como se verá, bastante golfo: el tío Fernando, guardián de ese paraíso hasta que, para desgracia suya y nuestra, lo vendió. Y acabó, bruscamente, nuestra infancia.

El tío Fernando era, como se comprobará, distinto: a su época, a su familia, a las creencias, forzadamente dominantes, en esos años. Un ateo en tiempos de nacionalcatolicismo; un liberal en plena dictadura. Y, para colmo de colmos, homosexual.

Las “Memorias indecentes” que quien abra este libro podrá leer, abarcan un período relativamente breve de la vida de su autor: desde enero de 1945, recién llegado a Santa Cruz de Tenerife para tomar posesión de su primer destino como flamante ingeniero de caminos, canales y puertos, hasta abril de 1963, cuando se ve forzado a dejar la profesión, como parte del alto precio a pagar por atender a su orientación sexual. Y en esta y en esto se centran, con la iglesia (católica, faltaría mas) en el punto de mira de su mirada crítica.

Algo de eso, de las desventuras que las memorias cuentan, sabíamos, sus sobrinos. Como en toda familia que se precie, corrían rumores, medias palabras, apenas susurros. Pero las memorias, de las que el propio autor me dio un avance cuando me encargó esta piadosa tarea que, al fin, acometo, sobrepasan, con mucho, rumores y cotilleos. Y las sobrepasan en un doble sentido: porque dejan chicos los rumores familiares y porque más allá de estos y de ese entorno familiar, dan cuenta de un aspecto que tampoco escapaba a la persecución por parte de la dictadura y del que hay pocos testimonios.

Sin duda, el mayor interés del texto, al menos para un lector ajeno al círculo familiar, radica en este último aspecto. Y en dos cuestiones más: en el retrato que ofrece de la sociedad de la época y de la moral imperante- tan estricta en este ámbito privado, sometido a la vigilancia del Obispo, del General y del Honor de la (buena) Sociedad, y tan laxa en lo que afecta al interés público, dejado de la mano de dios y de todo cuidado-; y en el hecho de que el autor de estas memorias, la víctima –una víctima poco inocente y bastante precavida- fuera, al fin y al cabo, con todas sus extravagancias, uno de los suyos.

Sí, este texto, con sus imperfecciones, con sus insuficiencias y balbuceos, es una pieza más, por modesta que sea, de un mosaico de horrores que la memoria, con su gran poder, está trabajosamente reconstruyendo –abriendo fosas, poniendo nombres y apellidos, quitando velos y mentiras -, para que no se olviden y, ojalá, para que nunca más se repitan, nunca más causen tanto dolor como a tantos causaron.

Fernando Insausti Lastagaray, nació en San Sebastián en 1917 y murió en Madrid en 2010. Autor de este texto póstumo, que se complementa con un apéndice y dos relatos, publicó en vida, también a su costa, una “Antología poética” (Edición Personal, 2001) que reúne medio centenar escaso de poemas escritos en Santa Cruz de Tenerife, coetáneos, por tanto, de esa andanza febril en pos de cuerpos jóvenes, y en los que, a modo de sordina de la “indecencia” de estas memorias, se cuela también, en ese “desolado deseo”, el “dulce amor/el tierno amor para dormir al lado”, que todos buscamos.


Fe de citas

Grande es este poder de la memoria” (San Agustín. “Confesiones” X, VIII, 15).

Desolado deseo” (Fernando Insausti Lastagaray. Edición Personal, 2001).

./..Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos
a ser posible jóvenes:
Yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro../..”

(Jaime Gil de Biedma. “Pandémica y celeste”, en “Colección particular”, Seix Barral, 1969)

 

José Luis Insausti Catón

Sevilla, octubre de 2011.